La competitividad y la responsabilidad social no son objetivos contrapuestos

11 Dec 2025

Giuseppe Guerini y Jeroen Douglas defienden el modelo de las cooperativas para una economía resiliente en el Parlamento Europeo

En el evento del Comité Económico y Social Europeo (CESE) “Las cooperativas construyen un mundo mejor: contribución del CESE al año internacional de las cooperativas”, Jeroen Douglas, director general de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), hizo un llamamiento a favor de una transformación económica sistémica.

Su intervención (dentro del marco de la adopción por parte del CESE de la opinión CCMI/242 sobre cooperativas industriales, de la que Giuseppe Guerini, presidente de Cooperatives Europe, es ponente) situó a las cooperativas no como un modelo complementario, sino como un bloque fundamental para una economía resiliente y preparada para el futuro.

Jeroen Douglas comenzó por subrayar la urgencia de un cambio en los sistemas económicos, haciendo énfasis en que el momento actual, definido por la inestabilidad climática, la fragmentación geopolítica y el crecimiento de las desigualdades, exige algo más que una reforma incremental. Las cooperativas ofrecen precisamente la alternativa estructural necesaria, dijo, ya que son democráticas, enraizadas en la comunidad y capaces de crear valor a largo plazo. Describió las cooperativas como un “modelo para la acción” y presentó el marco estratégico de la ACI que se apoya en 15 puntos de acción para una economía global fundada en la sostenibilidad y la inclusión.

Un tema central de su intervención fue la capacidad del movimiento cooperativo para abordar crisis globales entrelazadas, especialmente en áreas como el clima, la energía o los sistemas de alimentación. Jeroen Douglas destacó la creciente importancia de las soluciones energéticas democráticas y de los modelos renovables de propiedad de la comunidad, actores capaces no solo de acelerar la transición ecológica sino de garantizar que los beneficios permanecen en lo local. También hizo hincapié en la creciente relevancia de cooperativas sanitarias y de cuidados sociales, señalando la capacidad que han demostrado para garantizar el acceso, la calidad y la asequibilidad en los sistemas de cuidados cada vez bajo mayor presión. La inclusión económica apareció repetidamente en los comentarios de Douglas. Señaló que los bancos y las uniones de crédito cooperativas siguen siendo fundamentales para expandir el acceso a la financiación, especialmente para las poblaciones desatendidas y las pymes. Argumentó también que, curiosamente, las cooperativas no buscan subsidios, sino que por el contrario exigen igualdad de condiciones en el reconocimiento de sus estructuras de gobernanza únicas y sus contribuciones al bien público.

Hizo un llamamiento por una política de reconocimiento más fuerte a nivel de la UE, animando a los legisladores a que reflexionen sobre la particular naturaleza de las cooperativas en la legislación empresarial y en los marcos regulatorios. El acceso a la financiación fue otra prioridad clave: animó a la UE a garantizar que las cooperativas puedan beneficiarse plenamente de los instrumentos para una transición ecológica y justa y otros mecanismos financieros pertinentes.

Llevando la conversación más allá de Europa, Douglas llamó la atención sobre el papel que las cooperativas pueden jugar en los países en desarrollo. Identificó la estrategia Global Gateway de la UE como una oportunidad estratégica para capacitar a las cooperativas en la construcción de economías locales resilientes, especialmente en regiones donde la democracia económica está todavía siendo emergente. Para hacer esto posible defendió un diálogo estructurado y permanente entre las instituciones de la UE y Cooperatives Europe, al que definió como un “socio fiable” en el diseño e implementación de políticas inclusivas para las cooperativas.

Su intervención sirvió en última instancia como recordatorio de que las cooperativas no son actores periféricos, sino componentes integrales de una arquitectura económica sostenible. Su mensaje, que la competitividad y la responsabilidad social no son objetivos contrapuestos, sino pilares que se refuerzan mutuamente y que las cooperativas están equipadas de una forma única para unirlas, resonó fuertemente dentro de la narrativa más amplia del evento.

En nombre de la Alianza Internacional Cooperativa, Jeroen Douglas defendió tres llamamientos a la acción.

1. Políticas de reconocimiento: Instar a la Unión Europea a que reconozca plenamente la naturaleza única del modelo empresarial cooperativo en su derecho societario y marcos regulatorios. La UE debe superar la visión de las cooperativas como una sencilla pyme y reconocer su capacidad como actores económicos a gran escala gobernados democráticamente.

2. Acceso a financiación: Garantizar que las cooperativas, especialmente aquellas centradas en la transición ecológica y justa, tienen un acceso directo y justo a los mecanismos pertinentes de la UE. Son los vehículos ideales para garantizar que la inversión de la UE tiene el máximo impacto local posible. Un acceso justo también a la financiación de la estrategia Global Gateway, con un fondo específico para invertir en cooperativas en países en desarrollo.

3. Asociación estratégica: Profundizar en el diálogo estructural entre la ACI, sus oficinas regionales, Cooperatives Europe y los sectores ACI, y la Organización Internacional del Trabajo y las instituciones de la UE.

Terminó afirmando que la ACI estaba preparada para ser el socio más fiable a la hora de llevar a cabo las ambiciones del Pacto Verde, el Pilar de Derechos Sociales y de lograr una economía europea resiliente y competitiva.

En el panel también participaron otros ponentes como diferentes representantes de la OIT, la OCDE y la DG GROW.

En su intervención, Carlien van Empel, directora de la oficina de la OIT para la UE y el Benelux, hizo hincapié en que la opinión del CESE CCMI/242 refleja fielmente la esencia de las cooperativas industriales y su papel en la economía actual. Destacó que las cooperativas contribuyen mucho más allá de la producción de bienes y servicios: construyen cadenas de suministro inclusivas, ofrecen empleo de calidad y refuerzan tanto la resiliencia como una gobernanza democrática. Van Empel destacó que las cooperativas no deberían ser vistas como un modelo “alternativo”, sino como un enfoque económico distinto arraigado en el mutualismo, la solidaridad y la cooperación. Las cooperativas demuestran, tanto en fábricas, producción digital como procesamiento, una notable capacidad para mantener el empleo y la estabilidad, incluso en condiciones económicas difíciles. Situadas dentro de una economía social y solidaria más amplia, garantizan que el beneficio se reinvierte localmente, fortaleciendo las comunidades. Sostuvo que las cooperativas industriales son centrales a la hora de lograr una competitividad inclusiva y sostenible, un área en el que Europa puede liderar gracias a sus sólidas tradiciones en el desarrollo económico basado en derechos y en la distribución justa de los beneficios. Van Empel reiteró la asociación estratégica entre la OIT y la AIC y señaló estándares laborales internacionales clave, en especial la recomendación 193 que hace un llamamiento por entornos capacitadores, el desarrollo de capacidades y el acceso a la financiación.

En sus comentarios Joachim Schwerin, economista principal en la Unidad de conducta empresarial responsable de la Dirección General de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes (DG GROW) de la Comisión Europea, recalcó que el debate sobre las cooperativas va mucho más allá del Año Internacional de las Cooperativas, y señaló que la opinión del CESE ofrece una excelente evaluación con visión de futuro. Hizo hincapié en que los principios cooperativos están arraigados en lo que definió como el “ADN de los valores de la humanidad” que han moldeado las sociedades a lo largo de la historia. Para Schwerin la importancia de las cooperativas reside no solo en lo que hacen, sino en cómo funcionan: a través de la participación democrática, gobernanza de abajo a arriba y toma de decisiones inclusiva. Estas prácticas, comentó, ejemplifican la democracia en acción, algo que no se puede lograr únicamente mediante instrucciones formales, sino que debe vivirse a través de la conducta y los valores compartidos. Schwerin destacó la relevancia de las cooperativas en todos los sectores industriales y financieros, señalando su larga tradición intelectual y práctica en Europa. Vinculó el pensamiento cooperativo con los retos contemporáneos, especialmente con la digitalización de la economía. Señaló interesantes paralelismos entre los principios cooperativos y los mecanismos que surgen en el mercado de criptoactivos, como la transferencia de valor descentralizada o el voto en cadena, al tiempo que advirtió sobre las distorsiones que introducen las grandes corporaciones tecnológicas. La educación, recalcó, es esencial para reforzar la cultura cooperativa, haciendo un llamamiento a favor de iniciativas a gran escala que incluyan a las organizaciones sociales y a las cooperativas. Schwerin terminó animando a hacer un renovado esfuerzo para fortalecer la imagen pública de las cooperativas y promoverlas como modelos de negocio sostenibles y resilientes para el futuro de Europa.

Séamus Boland, presidente del CESE cerró el debate afirmando que las cooperativas son prueba de que la competitividad y la responsabilidad social no son objetivos contrapuestos.

La ACI quiere dar las gracias a Giuseppe Guerini por hacer avanzar la agenda cooperativa en el CESE y le felicita por la adopción de la opinión CCMI/242 sobre cooperativas industriales: una herramienta para el reto de la competitividad inclusiva y sostenible: https://www.eesc.europa.eu/en/our-work/opinions-information-reports/opinions/industrial-cooperatives-tool-challenge-inclusive-and-sustainable-competitiveness

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